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Parece ya asumido que la crisis en la que estamos inmersos no es sólo económica, sino que atravesamos una etapa de profunda crisis política, de desconfianza y deslegitimación hacia nuestras instituciones públicas.

Somos cada vez más ciudadan@s l@s que, desde diferentes ámbitos, reclamamos y empujamos por un cambio real, por la recuperación del significado de la palabra política y de los espacios comunes. Y es que, una sociedad en continua evolución no se puede encontrar reflejada en unas formas de hacer, proponer y construir estáticas, estancadas, atrapadas en los mecanismos instaurados en la Transición. Con el paso de los años, hemos ido madurando como sociedad y eso hace, a su vez, que nuestras exigencias sean mayores.

En los últimos años la forma de participar en lo común ha salido de los compartimentos estanco “típicos” como partidos políticos y sindicatos, para autoorganizarse en mareas, asambleas, movimientos desobedientes, presenciales y virtuales Y, como es obvio, esto ha venido acompañado por un cambio en las herramientas y los medios: han cambiado, por tanto, contenido y continente. Pero, esto no ha sido asumido por las instituciones de representación que se han alejado, cada vez más, de la realidad, de las demandas de la sociedad del siglo XXI y parecen haberse establecido en una realidad paralela. Se han usado las palabras desordenadas, porque no hay una desafección de la ciudadanía a la política, sino un alejamiento injustificable de la política a su ciudadanía.

En este contexto, se hace imprescindible avanzar hacia la cooperación política, entendiéndola como una red ciudadana organizada, que plasme nuestras necesidades y demandas en la portada de la actualidad. Una red interconectada, permeable, con los pies en el día a día, que ya está en marcha reclamando más espacios de participación, responsabilidad a nuestros representantes políticos, respuestas ante su desidia y que construye alternativas y propuestas realistas. Una red que innova en formas y construye nuevos contenidos.

La ideología es básica, pero en este proceso de avance e innovación política, hay más palabras imprescindibles, como invención, creatividad y responsabilidad. Una superación de la aritmética electoral, de las siglas, hacia un plano de trabajo y construcción con objetivos y aprendizajes comunes. Para seguir re-evolucionando, hay que darle una vuelta de tuerca al sistema político e institucional español, y estamos en un momento en el que no es sólo necesario hacer las cosas de una forma distinta, sino que es posible.

Como decía Adela Cortina hace unos días en El País, estamos en lo propio de una sociedad con cierto recorrido democrático y “no hay unos pocos líderes, unos pocos intelectuales sobresalientes, sino el trabajo conjunto de personas y grupos plurales, generando una inteligencia colectiva, capaz de descubrir mundos ignotos”.

febrero 14th, 2014

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