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Como ahora tengo tiempo, estoy intentando aprender y comprender todo lo que tiene que ver con el Social Media. Leyendo mucho, veo que hay una “consigna” que se repite constantemente: “Una de las características fundamentales en un Community Manager es que ha de saber escuchar”.

Me da la sensación que esta palabra, ESCUCHAR, adquiere una importancia muy relevante en todo lo que concierne a las redes sociales y sus formas de comunicarse. Está claro que si una de las virtudes de la red 2.0 es su capacidad para generar conversaciones, una parte muy importante de todo este tinglado es que sepamos escuchar.

Me salgo de la red 2.0 y me voy al “mundo analógico”. Tener en mente los cuartos de baños de vuestras universidades, cafeterías, locales de ocio nocturnos (y diurnos), etc…
Te sientas en la taza del retrete en cuestión (previa limpieza inicial!!) y te dispones a hacer “tus necesidades” (me está saliendo un post muy escatológico….), cuando de repente…., zas!!!, te encuentras con un verdadero universo de sabiduría, inteligencia e inventiva. Me refiero por supuesto a todos los escritos plasmados en la puerta que tienes frente a tus narices. Te pones a leer sin poder dejar ni una sola sentencia, consigna, burrada, etc….,

Siempre he pensado que en esas puertas se han fabricado los mejores tablones de frases donde la gente deja sus pensamientos con firma incluida (en cierto modo me recuerdan a muchos tuits que circulan por la red). Pues bien, en esa “plataforma de comunicación” lo que se da es que cualquiera puede entrar y “decir la suya”.

Y ahora vuelvo a la red 2.0 (con todas mis necesidades hechas).
Internet es el medio ideal para poder expresar tus ideas y pensamientos (como lo estoy haciendo yo ahora mismo). Sin embargo, la verdadera esencia de podernos comunicar en red es el poder generar conversaciones espontáneas y que éstas se puedan expandir y debatir. Y para que esto se pueda dar es necesario, no sólo tener la capacidad de poder expresarnos, sino, y creo que es lo más importante, de poder y saber escuchar el retorno de lo que hemos expresado.

Que yo comunique algo, de nada sirve si cuando recibo una contestación (es decir, que alguien me ha escuchado) no reacciono a esa solicitud. Entonces sólo se produce una comunicación en una sola vía, y en ese momento acabamos de fastidiar la verdadera esencia de la red 2.0.

A veces tengo la sensación que vivimos a una velocidad increíble y que con el paso del tiempo cada vez estamos obligados a hacer más cosas en el menor tiempo posible (el cortoplacismo, como diría Carlos Barrabés). Y esta sensación la veo reflejada de forma muy gráfica en las redes sociales. Y pongo dos ejemplos:

El primero se dio (aunque se da miles de veces cada día) en Twitter. Nacho Escolar @iescolar, es un prolífico periodista, bloguero y usuario intensivo de twitter. Bien, cada vez que publica algo en su blog, entra en twitter y enlaza su post para que se pueda leer. Como muchos de sus artículos versan sobre temas políticos, la polémica siempre está servida. Pues bien, el otro día hizo lo de siempre (anunciar en twitter su post) y en menos de un minuto ya había recibido una respuesta a su artículo (era una respuesta en negativo). Nacho, de una manera jocosa tuiteó el curioso hecho, cómo en menos de 1 minuto una persona tiene la capacidad de leer el artículo, meterse en twitter y dar respuesta?. Evidentemente, ese usuario no había leído el artículo, directamente había decidido “opinar” al respecto, supongo que bajo la influencia del historial “rojo” de Nacho.

El segundo ejemplo es una situación muy recurrente que se da en Facebook. Hay usuarios que tienen una ingente legión de usuarios. Este tipo de usuarios pueden ser o bien famosos o personas que destacan mucho en sus profesiones y son “generadores de opinión”. Estos usuarios suelen introducir en Facebook enlaces para leer en sus blogs, o simplemente enlaces de algo que han leído, les ha interesado y quieren compartirlo. Pues bien, a veces se da el curioso hecho de nada más publicar dicho enlace ya tienen un buen número de “ME GUSTA” activados….., curioso.

De hecho, esta “moda” que tenemos en Facebook de pinchar en el botoncito de Me Gusta ha abierto las puertas a la inclusión de virus, malwares a través de dicha red social.

Todas estas situaciones, graciosas creo yo, nos dan a entender que a veces tenemos la necesidad de participar en “algo”, en lo que sea, pero hay que participar. Y de hecho nos perdemos lo mejor de esa participación, que es el “escuchar”, el leerte esos contenidos, porque (por lo menos en los ejemplos que he citado) suelen ser de mucho valor.

Creo que es una situación que prácticamente todos nosotros hemos vivido (yo soy el primero que a veces me ha ganado el ansia por participar al placer por escuchar) y que, en la medida de lo posible deberíamos ir corrigiendo, porque los primeros beneficiados seremos nosotros.

Si habéis leído todo esto es que habéis ESCUCHADO (santa paciencia la vuestra).

Saludos cordiales.

David Alvarez.-
Foto tomada de:

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>Hoy voy a tratar de explicar, y dar mi opinión sobre lo que David Kirkpatrick expone en su libro “El efecto Facebook” como un aspecto negativo al crearse la plataforma en Facebook.

Paso a transcribir algunos párrafos del libro:

Cuando escribía sobre ellos en 2007 antes del f8 (evento creado por Facebook para los creadores de aplicaciones), Facebook me hizo hablar con un buen aliado de la empresa que me dijo: “Facebook está dando la oportunidad de de crear toda una nueva serie de Adobes y Electronic Arts e Intuits que habitan dentro de él”. Hablaba de los gigantes de la industria. Como siempre, la empresa apuntaba muy alto.

Sin embargo, Facebook no es más que las acciones colectivas de sus miembros. Lo que ocurre en él depende de aquello que interesa a los usuarios de Facebook y no, al fin y al cabo, de lo que Mark Zuckerberg cree que les debería interesar. Con la plataforma Facebook aprendió esta lección muy a su pesar. Cientos de aplicaciones nuevas aparecieron rápidamente en Facebook, pero eran poco ambiciosas. Las que despegaron con mayor rapidez eran más bien simples, pero intrínsecamente sociales, algo que no sucedía antes en la red. Una de las primeras aplicaciones realmente graciosa era una llamada FluffFriends. No hacía mucho más que dejarte acariciar electrónicamente a un perro o gato virtual, pero cuando acariciabas al perro de tu amigo, tu foto salía en su perfil. Era una manera de mandar un mensaje sencillo, y cinco millones de personas lo hicieron (…..)

Puesto que todo el mundo era capaz de crear una aplicación, la plataforma atrajo a bastantes jugadores menos idealistas que Zuckerberg y más interesados en ganar dinero rápidamente.
De aquí se derivó una competición entre las aplicaciones por conseguir usuarios a cualquier precio. La clave estaba en cómo manipular el software de Facebook para que los mensajes pasaran al canal de noticias de la gente, invitándolos a descargarse una aplicación. (….) había una interfaz insidiosa que utilizaba un lenguaje ambiguo para lograr que muchos usuarios mandaran invitaciones a todos sus amigos.

Facebook trató de eliminar los spammers y continuó animando a introducir aplicaciones más acreditadas, pero los cambios introducidos para vetar las malas prácticas a menudo impedían la entrada de aplicaciones legítimas (…)

La empresa implementó una serie de normas nuevas para tratar de controlar las aplicaciones y conseguir que se comportaran correctamente. Rogaba a los usuarios que denunciaran el spam. Cambiaron el software para reducir el número de noticias de aplicaciones que salían en el canal de noticias (….)

En verano de 2008 los problemas se les habían escapado totalmente de las manos. La plataforma Facebook era como el Salvaje Oeste. Finalmente Facebook optó por tener la potestad de poder eliminar aplicaciones verificando las buenas.

De estos párrafos me gustaría comentar dos aspectos. El primero, más que un efecto negativo de la creación de la plataforma, fue las expectativas tan altas que tuvieron en un inicio los creadores de Facebook. El razonamiento inicial de ellos era que la plataforma debía ser el espacio común donde todas las aplicaciones pudieran volcar sus trabajos, para que así todos los usuarios pudieran utilizarlas y, sobre todo, recomendarlas para que se expandieran rápidamente. El concepto creo que es muy bueno, sin embargo, y por lo que en el libro se explica (en primera persona por los propios responsables de Facebook) las expectativas que se habían generado no coincidió con la realidad. Ellos ambicionaban ser la plataforma de aplicaciones que fueran realmente número uno en cada campo, que fueran la interfaz donde se distribuyera el software más demandado, no sólo para ocio, también para el trabajo, por ejemplo.

Sin embargo, la realidad fue que las aplicaciones de más éxito eran más bien intrascendentes en el desarrollo de un usuario. Que puedas acariciar un perro virtualmente nos puede producir una sensación agradable durante un momento, pero dudo mucho que nos haga mejores personas, o mejores profesionales en nuestros trabajos.

El segundo aspecto a comentar sí que se convirtió en una consecuencia negativa en el desarrollo y uso de Facebook. La plataforma, al dar total libertad a los usuarios para crear y sobretodo difundir sus aplicaciones, generó un ambiente muy propicio para el aumento de esa práctica tan “querida” en la red como el spam. Muchos creadores de aplicaciones se las ingeniaron para inventarse todas las artimañazas posibles con el fin de que a tu canal de noticias (donde antiguamente nos llegaban las noticias en cada perfil nuestro de Facebook) llegaran sus aplicaciones (muchas de ellas carentes de valor alguno). Eso provocaba que nos “inundarán” con numerosas solicitudes para apuntarnos a esas aplicaciones.

Creo que este caso es un claro ejemplo de uno de nuestros mayores problemas que tenemos en nuestras vidas, el problema cortoplacista. Todo ha de tener un efecto inmediato, si no se ven los resultados a corto plazo, no sirve. Esta idea, con la que estoy en total acuerdo, se la escuché hace poco a Carlos Barrabes, los que tenemos más de 30 años deberíamos recordar las cosas que hacíamos por ejemplo en 1987 y las que hacemos ahora. En la actualidad tenemos que hacer muchas cosas y que nos den resultados inmediatos……, viva el estrés.

Finalmente, los responsables de Facebook tuvieron que intervenir para regular de alguna manera ese problema.

Este problema sigue vigente en Facebook, y a ese se le unen otros mucho más preocupantes como la introducción de programas malignos que en estos días está siendo muy comentado. Aprovecho desde aquí y repito, como muchas otras personas lo hacen: No existe ninguna aplicación que te indique qué usuario “no quiere hacerte amigo”!!!!!!, son precisamente eso, aplicaciones fraudulentas que lo que persiguen es el colarte malwares en tu preciado ordenador o dispositivo móvil.

Facebook, al ser una red social donde reúne a tantos millones de usuarios, también es susceptible (la más susceptible) de generar estos problemas.
Aún con todo esto, me quedo con lo positivo, que es mucho más……

Saludos cordiales.
David Alvarez.-

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