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Os suena de algo esta letra?….., seguro que sí.
Desde el primer día que la escuché (y ya han pasado años!!!) me sentí muy identificado con ella, no en su totalidad pero sí en su gran parte.

Me gusta ser educado, mantener las formas, aunque sin llegar a extremos chulescos….

Además…., que leches!!! Urrutia siempre fue Urrutia…., un tipo muy peculiar, de su tiempo y su mundo, acompañado por los Gabinete.
Ahí tenéis la letra:

Caray, ya no hay
estilo ni personalidad,
pues bien, os diré
ser distinguido es una gran cualidad
y yo la cumplo sin dificultad.

Mi alto linaje me deja mirar
por encima del hombro de los demás,
de los demás.
Caray, cada vez
las personas se visten peor.
Okey, soy el rey
en mantener la raya del pantalón
y en observar la más alta educación.
Ceder asientos en el autobús
es para mí una habitual actitud, actitud.

Quitad, apartad, por favor
porque aquí estoy yo.

Pues bien, no está mal
soy un modelo para calcar.
Cuando paso por la calle
dicen ay ay ay tenga un detalle señor
y yo sonrío con satisfacción.

Mirándome al espejo una vez más
a todos aconsejo sin vacilar,
sin vacilar.

Quitad, apartad, por favor,
porque aquí estoy yo.

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Ayer sábado por la mañana me llamó mi amigo Jaime: “David, te apetece venir a un concierto de Carlos Garrido? Hace un homenaje a los Kinks…”
Dicho y hecho, nos presentamos esa noche mis amigos Jaime, Tomeu…, y un servidor en el Teatre Principal.
Por la ubicación del concierto ya prometía algo muy singular: Teatre Principal, Sala Petita (sala Pequeña). Y el acceso a la sala era a través de un ascensor, en la quinta planta.

Una vez dentro me quedé muy sorprendido, la sala efectivamente era pequeña, pero preciosa. Un recinto ideal para un concierto íntimo, como se preveía (no por el aforo, sino por la atmosfera que se podía crear).

Reconozco que no me gusta asistir a actos donde haya poco aforo, porque me siento como desprotegido, siempre me he sentido más cómodo pasando desapercibido entre la muchedumbre, sin que tampoco llegue a ser algo agobiante.

Con puntualidad británica (sería por lo de los Kinks) se nos anuncia por megafonía que faltan tres minutos para que de inicio el concierto y que, por favor, desconecten los móviles y no hagan ni fotos ni ningún tipo de grabación (La SGAE nos persigue!!!).

Sale Carlos Garrido al escenario, aplausos, se sienta y empieza a hablar mientras afina su compañera guitarra platónica… Y yo ya empezaba a barruntar para mis adentros que si iba a estar incómodo tan cercano al protagonista de la noche, “por favor, que no haga participar al público….”, paranoias de un tipo discreto, vamos.

Primera canción, aplausos, vuelve a hablar, a contar historias suyas…, segunda canción…, tercera, cuarta…. Y me doy cuenta que estoy pasando un momento genial, relajado, pensando en lo que ha dicho el artista entre canción y canción.

En las letras adaptadas de sus ídolos los Kinks va expresando su personalidad y manera de ver esa vida que le ha tocado vivir, y entre canción y canción va enlazando reflexiones muy humanas, nada pretenciosas.

Y hoy, escribiendo este post, pienso por qué me gustó tanto el concierto y por qué me sentí tan a gusto, y la respuesta es muy simple: un ciudadano se ha subido a un escenario con una guitarra a contar unas historias, y lo ha hecho desde la sencillez, humildad y sinceridad. Y eso, en los tiempos que corren, es de agradecer.

Pues bien, ciudadano Carlos Garrido, yo te lo agradezco. GRACIAS.

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